lunes, 18 de noviembre de 2013

Memoria para Soñar, 3 de 4

Partir de un recuerdo para pensar en el futuro. Imaginar, emprender… vuelvo hoy a insistir en lo mismo, aun a riesgo de ir resultando algo pesado.
El campo, la agricultura, forman parte de nuestra memoria, de nuestro pasado. La viña fue la protagonista de nuestra economía durante décadas. Y también la huerta, y las salinas, y los esteros… No hay que remontarse mucho en el tiempo, para descubrir una Chiclana basada en el sector primario, con una economía sencilla, sin pelotazos inmobiliarios …
No pretendo idealizar una sociedad del pasado, llena también de injusticias sociales, de jornaleros dependientes de señoritos que ejercían su poder, algunos con más sentido de la justicia que otros, viviendo en un sistema injusto por definición… Pero, lo cierto es que el campo era y es agradecido; y, la tierra produce lentamente, con infinita paciencia, nuestro sustento. Ese sustento que hoy parece tan difícil de garantizar, a pesar de los espejismos de ladrillo. Además, una cosa no quita la otra. Es conveniente un modelo productivo mixto, que tenga turismo, ladrillo y también agricultura… Es bueno no poner todos los huevos en el mismo cesto.
Recuerdo la vendimia de mi infancia. Los remolques cargados de uva pasando lentamente por el centro, los niños corriendo tras ellos para atrapar algún gajo… el olor, que impregnaba la ciudad durante días… Antes, según me cuentan, la uva se llevaba a los bodegueros, que pagaban, el producto de la viña de los malletos, que habían sido capaces de recoger una cosecha más, dejando fiao el azufre, y con una cuenta pendiente, esperando la vendimia, en el establecimiento del montañés.
En una época en la que los bodegueros locales no garantizaban la recogida de la uva los viticultores se habían organizado en cooperativa. Heredera de la Asociación de Viticultores Chiclaneros, fundada por el padre Salado, y presidida en su momento por Andrés Torres, que escribió en el treinta y uno varios artículos muy interesantes con el pseudónimo de “un viticultor Chiclanero”. Y que ayudan a entender la peculiar manera en la que Chiclana se incorporó, no del todo, al marco de Jerez.
Más recientemente, en los setenta, era normal en cualquier casapuerta de Chiclana, un par de cajas de madera llena de productos de la huerta, o de patatas, o de sandías y melones, que los vecinos cultivaban y vendían. La agricultura sostenía una micro-economía, de subsistencia diría yo. También había en nuestro término municipal explotaciones  extensivas de cereal, de remolacha…  Seguramente en aquellos años, nos verían desde fuera como un pueblo agrícola; y así nos sentíamos.
En los ochenta y los noventa, pasó ayer mismo, lo más rentable que se podía hacer con una viña era arrancarla. Si arrancabas tu viña, si cortabas de raíz el trabajo de años, si olvidabas el esfuerzo pasado y renunciabas a vendimias futuras, te daban dinero. Y mucho.  Soy capaz de imaginarme a un chiclanero de entonces, con cuarenta vendimias en sus riñones, tratando de entender lo que debía hacer. Tomando finalmente una decisión incomprensible para él, convencido por sus hijos, a cambio de dinero. Dicen que algunos lloraron, quizás por primera vez, al oír troncharse las cepa… los tiempos cambian… el campo no es rentable…
Este año se ha pagado el kilo de moscatel a un euro. Una bodega de Sanlucar pagaba un euro con veinte. Ahora, un buen remolque de uva se paga mejor que un metro construido de chalet, que son vendidos por los bancos a precio de saldo.
… A ver si a algún lumbreras de Bruselas se le ocurre pagar subvenciones por tirar chalets para poner viñas…
El suelo no urbanizable, debido al fenómeno de la vivienda irregular sobre todo, es percibido como un problema de Chiclana. Pero, es el momento de cambiar esta percepción. Es el momento de hacer balance, y ver dónde estamos. Qué nos queda. El campo no es el problema, sino una de las oportunidades de futuro. Es urgente realizar un inventario, un estudio de la capacidad de acogida de agricultura y ganadería que tiene todavía nuestro término municipal. Una agricultura del siglo XXI, especializada, ecológica… un sector primario moderno, que se constituya como un motor más, junto con el sector servicios, la industria, las salinas y esteros, el turismo…
Un sector primario que puede también incitar la implantación de pequeñas industrias agro-alimentarias. Una ganadería innovadora, una huerta ecológica, un pescado de estero, flor de sal, piñones, vino… 
Ahora que se puede dibujar de nuevo... Sector primario, por favor… Debemos buscar fórmulas de diversificar nuestra economía, de aprovechar nuestra tierra de una manera sostenible, de volver a tener garantizada la peoná, y hasta el rato… Debemos recuperar la ilusión. Es urgente soñar. Sueñen. Sueñen. Pero no se duerman.


Memoria para Soñar, 2 de 4


La semana pasada imaginábamos un rio recuperado para la ciudad, con barcos, con excursiones al parque natural; y una rivera del marisco en el Iro, turística, a la que venían en tranvía desde Cádiz para comer o cenar… unas modernas torres de cristal… unos sueños…
                De pasada, se dibujó la imagen de dos o tres barcos en el rio, y las carpinterías en la Calle Concepción, y en la esquina con Caraza. Esta imagen, la de aquellas pequeñas y oscuras naves, con el ruido ensordecedor de las sierras, con el serrín flotando en su interior, con el olor a madera…
                Este ejercicio de memoria, me sugiere una reflexión sobre la industria en nuestra ciudad. Aunque su evolución es parecida a la que se ha producido en otras ciudades no industriales, la situación actual presenta ciertas peculiaridades. Y es que, es normal que los usos industriales hayan sido alejados progresivamente de los centros urbanos, buscando suelos más baratos y más alejados, para no molestar a los habitantes de la ciudad. Esto ha pasado en Chiclana, menos en una cosa: no hemos sido capaces de producir suelo industrial barato. En las afueras de la ciudad, si, pero carísimo. Naves a precio de Chalet… Ahora hay muchas vacías.
                Si partimos de nuestra memoria reciente, y recordamos aquellos carpinteros de la calle Concepción, o el tonelero que había en la calle Arroyuelo… La carpintería de Remigio… Los talleres Parrita… Polanco junto al cuartel de la Guardia Civil, haciendo mesas-camilla… Si lo hacemos, podemos llegar a sentir un cierto orgullo, y reafirmarnos en lo que ya sabemos: que tenemos un potencial y una fuerza como pueblo, para salir de ésta y de dos como ésta.
                Las actividades industriales fueron alejándose del centro. Caso como Vipren, que se instaló en Rincones del Molino, que eso si que era lejos del centro. Y actuaciones mayores, como el polígono el Torno que fue el primero, como polígono, de los que actualmente tenemos en la ciudad. El Torno se hace sobre la marisma: Calles ortogonales y demasiado estrechas, naves pequeñas… pero ha sido y sigue siendo, con todos sus problemas, un suelo productivo y generador de empleo. Pronto se quedó pequeño, y se proyecto Pelagatos. Por cierto, que con un nombre incorrecto. Porque debería llamarse Pelargarto, que es el nombre que recibía una zona de piedras y guijarros sueltos, normalmente en el camino, que dificultaba el paso de los carros y de las bestias. Pero como una palabra mal pronunciada termina desterrando a la original, todos hemos asumido que aquello se llama Pelagatos, que se refiere a una persona insignificante y mediocre, sin posición social ni económica, según el diccionario de la RAE… Prefiero lo de las piedras…
                Pelagatos fue un éxito, y se dividió en naves más pequeñas. Se llenó, con precios muy altos; y, se convirtió en un suelo industrial de referencia, no solo en Chiclana sino en la Bahía. Hoy está en declive, como todo; por culpa de la crisis, por culpa de la burbuja inmobiliaria que quebró… También porque predominan las pequeñas empresas, las pequeñas naves de chiclaneros, que con el aluminio, el hierro, la madera… con lo que sea, imitaban a Remigio, a Parrita, a los carpinteros de la Calle Caraza… a los que se embarcaron y se embarcan, con poco dinero pero con mucha capacidad de trabajo… que son lamentablemente los primeros en caer.
                Urbisur vino después, y es un caso extraño. Lo que se proyectó como un polígono industrial, y propició una nueva entrada para Chiclana, y un nuevo puente, el azul… lo que en los papeles es industrial, van los chiclaneros, y lo convierten en un parque comercial. Y vienen de Cádiz, o del Puerto a comprar puertas, cortinas, cocinas, mamparas…  Y generan un eje comercial, negocio a negocio, aunque sin aparcamientos suficientes… Urbisur también se ha visto afectado por la crisis, como Pelagatos. El modelo se ha repetido, y detrás de esa actividad económica también encontraremos  casi exclusivamente pequeños y medianos empresarios, obviamente, más débiles que las grandes corporaciones. ( Que por cierto, también cierran)
                Aunque aparentemente ahora sobren naves vacías. Aunque aparentemente ahora no exista demanda. Es ahora el momento de soñar y hacer planteamientos para el futuro, como hacen otras ciudades vecinas. Chiclana debe apostar, también, por el sector industrial. En nuestro entorno, la administración se empeña en sacar adelante el polígono de Las Aletas, en un suelo sensible, inundable y muy blando para soportar los edificios. En Cádiz se están planteando proyectos a medio plazo, basados en la logística, en la industria de alto contenido tecnológico… ¿Y en Chiclana?
                El plan general dibujaba la ampliación de pelagatos, pero lamentablemente, los elevados precios que tenía la edificabilidad en Chiclana, en toda la cresta del boom, imposibilitaron su desarrollo. Y es que, se dibujaban suelos industriales, que tendrían precios imposibles para la industria.
                Ahora que se puede dibujar de nuevo... Industria, por favor… Tenemos un magnífico sitio, en la carretera de Medina, en el margen izquierdo según se sale, y hasta la autovía… El Erial de la Feria, que se llama. Debemos buscar la fórmula para que estos suelos industriales sean muy baratos, muy atractivos; y podemos ofrecerlos como complementarios a Las Aletas, o al proyecto de logística… Debemos recuperar la ilusión. Es urgente soñar. Sueñen. Sueñen. Pero no se duerman.

Buscavidas

Dicen que se encuentran dos de Cádiz, y uno le pregunta al otro… ¿Quillo qué?, ¿Cómo va la cosa?... Bien, bien. Este año estoy ensayando con el Canijo…, ya no te veo por la peña…
La cosa, para los de Cádiz, tiene un significado amplio, e incluye el ocio, sobre todo. Sin embargo, si se encuentran dos de Chiclana, y si uno al otro le pregunta por la cosa al otro, seguramente que la respuesta tendrá más que ver con el trabajo que con coplas de carnaval.
Dicen que en Chiclana la gente siempre ha sido buscavidas. Ahora moderno, lo llaman emprendedor. Es cierto que en nuestro entorno, todavía y entre otras cosas, tenemos fama de ser trabajadores y luchadores. Creo que es merecida.
Para ser un buscavidas, debe cumplirse una primera condición: No tener la vida resuelta; esto es, no ser funcionario ( de los que lo ganan bien) o no tener una colocación fija e inamovible en una buena empresa. (esto último ya escasea, y ahora con la reforma laboral, fijo lo que se dice fijo, no está ni el sol).
No tener la vida económicamente resuelta, estar en la cuerda floja, tambaleándose como una muñeca de Marín sobre una tele de plasma, es una condición sin la cual, no es posible ser un buscavidas.
En Chiclana hay mucha menos gente que vive de la hoya grande, en comparación con San Fernando o Cádiz. Está claro, que si alguien está salvado, como decimos aquí, no tendrá ni idea de las actividades que a continuación enumero, a modo de recuerdo…
Primero el campo. La tierra. Durante muchos años, en Chiclana, un hombre como Dios manda, debía dejar en herencia al menos una aranzada a cada hijo. La tierra propia era una garantía de no pasar hambre de solemnidad. La gente solía tener su poquito de huerto, sus dos o tres frutales…, se sembraba para el consumo de la casa. Y los excedentes se intercambiaban con vecinos o se vendían. Si paseabas por las calles de Chiclana, era frecuente encontrar casapuertas ocupadas por dos o tres cajas de madera, jaula o jabla, con patatas, tomates, pimientos, cebollas, frutas del tiempo o productos del cortinar; ya saben, sandías y melones. Recuerdo que en algunas casas las papas o los melones invernizos se guardaban debajo de la cama. El padre, en la mesa, cuando se estaba terminando de comer, mandaba a uno de los niños a coger un melón… cógelo dulce, que tenga cama y el rabo seco…
Pero no todos tenían su pedacito para producir lo justo. El buscavidas no tenía garantizada la peoná diaria, ni tenía lo suyo para sembrar. El buscavida tenía la calle para correr, y para ser “emprendedor”.
En una moto con cerones de esparto, con una gorra raída por casco, el buscavida sale todas las mañanas. Hoy, muy temprano, al pago del humo, a la dehesa la boyá. Sabe de otras veces, el sitio para coger un saco de tagarninas un par de macetas de espárragos, o palmitos. Cuando es el tiempo, coge dos o tres cubos de higos de tuna.  Él es un hombre serio, tosco quizás, y no tiene don de gentes. Por eso su mujer es la que se encarga de vender, de poner las cajas en la casapuerta, o de visitar a algunas vecinas, y ofrecerles la mercancía que acaba de traer su marido. Desde hace unos meses, parece que se ha puesto de moda, Ella hace una rifa de cartitas. Las compra en el estanco de mamí. Con la rifa saca más que vendiendo, y las vecinas compran la cartita no sin antes preguntar a quién le tocó ayer… ¿ Otra vez la parmicha?... ¡Joé que suerte tiene la gente!...
El buscavidas va a rebuscar la uva, después de la vendimia y con el permiso del dueño; o puede ir a coger piñas, que da trabajo todos los años para una o dos semanas. Las pagan bien, pero subirse a los pinos con cierta edad… no es fácil esto de buscarse la vida, piensa nuestro personaje imaginario, de vuelta con los serones cargados de piñas, cansado y sucio, lleno de resina de los pinos y de arañones, sobre su moto, a la que tiene que ayudar con grandes zancadas para subir alguna que otra cuesta.
Además del campo, tenemos la bendición del mar. De los caños y de las salinas. De las marismas. Hoy día todo está prohibido. Pero no hace demasiado, nuestro entorno húmedo, (vivimos en un sitio privilegiado) ofrecía casi tantas posibilidades para el buscavidas, como el campo. Un amigo que trabaja en la bazán le ha hecho a nuestro personaje un rastro. Un enorme rastrillo, con púas de quince centímetros y con un receptáculo de red. Con agua por la cintura, en el caño, el buscavidas arrastra el fondo de fango cuatro o cinco metros. Después, lava el rastro y escoge las cuatro o cinco almejas que ha cogido.  Cuando la marea baje más va a coger unas bocas. No  le gusta demasiado meter el brazo hasta el hombro en el agujero del cangrejo violinista, pero las bocas las pagan bien. La semana pasada echó las camaroneras, y con el nuevo aguaje, volverá a poner las cangrejeras. Tendrá que ir a la plaza a pedir carná a los de los puestos de pescado. Antes iba a coger chocos con el pinche, de noche, a Sancti Petri o a la Barrosa, en la primera pista… Ya no hay de ná… Está todo esquilmao... Dice y dirá siempre que le pregunten… ¡Cada vez hay más gente!... ¡La cosa está fatal!...
Se queja el buscavidas. Con razón y de corazón… Hoy parece que ha sacado el jornal. Mañana veremos… Entre las cuatro cosas que hace y la ayuda…
Después dirán que hay economía sumergida… Sumergido en fango o en lo alto de un pino está el buscavidas, que por cierto, saca lo justo para comer y echarle gasolina a la moto.

Una Matanza

“A todo cerdo le llega su San Martín”, dice el refranero, que suele ser un buen punto de partida. Mirando de reojo el calendario, he visto que mañana es el día, y miren por dónde, entre la fecha y el refrán, me ha dado por recordar las matanzas del cochino.
El sacrificio y la conservación del animal sacrificado era una tarea importantísima, ligada a la supervivencia o a la economía doméstica. Pero, matar un cochino era también una fiesta. Y aunque hace tiempo que en las casas no hay una tinaja de manteca, ni se salan los tocinos; lo cierto es que las matanzas se han seguido haciendo, cada vez menos, con motivo de una celebración.
Primero, alguien se encargaba de buscar el cochino, y de ir al sitio. Aquel buen hombre se metía en la cochinera, y acorralaba a un cochino en una de las esquinas de la pocilga; y, dándole unos azotes en el lomo, con la palma de la mano abierta, decía que sus cochinos no tenían mucha grasa… Esto es todo magro… Y están bien criaos, con desperdicios.  Desperdicios que entonces se pedían a los vecinos, y se guardaban en cubos. Aquello era reciclar, supongo.
El trato era rápido, y el cochino se señalaba, o se dejaba pagado. Había que acordar el transporte, que no era fácil; y había que entender de peso a la canal, y de arrobas. Una arroba de cochino eran aproximadamente once quilos y medio. Y no sé qué cuentas se hacían, pero al final, los que habían ido a comprar el cochino, se iban satisfechos con la compra, y seguros de que habría cochino para que todos se hartasen de carne.
El día de la matanza, bien temprano, y ya el campo (que no es lo mismo que chalé), llegaba el cochino en un remolque prestado por alguien, o en un camioncito… Pobre animal… Qué poco te queda… diría alguno.
También llegaba el matarife. En una moto Push de esas amarillas, y con dos cerones de esparto. En un saco de arpillera un montón de cuchillos, un cheira, cuerdas… en un cubo las especias y en un plástico las tripas para el embutido. Lo matarifes tenían gorra, y fumaban desde temprano, y eran mayores, y mataban un cochino como si tal cosa, sin alardes festivos, como su trabajo que era.
Nada más llegar, sin tiempo que perder, el matarife se aseguraba de que la mesa estaba bien puesta, o de que el gancho iba aguantar el cochino colgado. Se ponía a hervir también, una gran olla de agua, sobre un fogón portátil  alimentado de propano, que entonces aprendí, que tiene más fuerza que el butano.
Muchos, sobre todo las mujeres y los niños, no estaban presentes. Bien porque no habían llegado todavía, o porque se apartaban; el momento de la cuchillada no era agradable para muchos…
El animal gritaba desde que lo presentía, y gritaba mucho más cuando entre dos o tres lo aguantaban, y el matarife le metía el cuchillo directo al corazón… ¡Un cacharro para la sangre!, que había que mover para que no cuajara… y mientras, los que éramos capaces de asomarnos, veíamos morir al animal.
Después de muerto, se afeitaba con un gran cuchillo y con agua hirviendo, o con la llama de una lamparilla, según el gusto del matarife. Se abría en canal, y se comentaba si tenía o no mucho tocino. A veces no había tocio suficiente para hacer bastante manteca; otras, el cochino era todo tocino.
Tras varias horas de trabajo, el cochino desaparecía, y se convertía en carne. Como en las carnicerías. En el mismo perol en el que se había calentado el agua, se echaba la pella del animal y trozos de tocino con carne… los ajos, la sal, el orégano… y el pimiento molido al final, cuando se saque un poco de manteca blanca para el que le guste.  El olor de la manteca hirviendo y de los chicharrones se quedará pegado a la ropa hasta la hora del baño…
En un momento determinado, bien pronto por lo general, alguien sacaba otra arroba, esta vez de vino, y reparte unas copitas. Ya va apeteciendo poner la plancha, e ir tirando filetitos…
Cuando el matarife monta sobre la mesa la máquina para picar la carne y embutir las butifarras… cuando mezcla con las manos en unos barreños de plástico la carne picada con las especias; con canela y nuez moscada o con pimentón para la longaniza… ya entonces, hay copas de vino sobre el hule. Un chorrito de vino para la butifarra… y un vasito para el matarife, dice el buen hombre riéndose por primera vez en toda la mañana.
Se mezcla la faena con el divertimento, se toma una tapita mientras se embute la butifarra, y se pincha, y  con una aguja, y se hierve en la olla. Recipiente del que acaban de sacarse la manteca y los chicharrones, que están buenos hasta calientes. La manteca se olvida en una esquina, metida en fiambreras de plástico que cada cual ha traído… A la mía échale asiento bastante, que nos gusta mucho…
En este ambiente, entre arrobas de carne y de vino, quintos de cerveza, filetitos y chicharrones, se produce un hermanamiento, en torno a la matanza, a la comida y a la bebida, que debe ser muy antiguo. En muchos sitios y en muchos momentos, desde siempre, el sacrificio de un animal ha sido un motivo de encuentro y de fiesta. Y ha sido una seña cultural y parte de la tradición. Quizás sea el origen de las barbacoas; que aunque con menos liturgia y ceremonial, son una buena escusa para montar una fiesta, y juntarnos, que es lo importante…
Por cierto, ya va siendo hora de organizar una.

Un Alcalde con Carácter


El domingo pasado, recordando antiguas corporaciones municipales, irrumpió en nuestra memoria Agustín Herrero Muñoz, Alcalde de Chiclana. Aunque intentaré que la política no nos ocupe demasiados domingos (bastante política tenemos los días entre semana), creo que merece la pena dedicar unas líneas a este importante personaje de nuestra historia reciente.
Para dibujar una semblanza de Agustín Herrero tengo que recurrir a la memoria de quienes le conocieron y trabajaron junto a él. Cuando te sientas a ver una película que va por la mitad, y preguntas a quien la lleva viendo desde el principio; te resumirá el argumento en dos o tres frases. Lo más importante, lo más divertido… pero a los ojos del que te lo cuenta, claro. Hablando con unos y con otros, he reconstruido un par de anécdotas, que pueden definir al personaje, al menos dar una versión del mismo.  No obstante, alguien con oficio, algún amante de la historia, debería investigar sus orígenes, cómo su familia fue represaliada por ser de izquierdas, cómo se escapó de España cuando estudiaba en Madrid, cómo volvió para intentar sacar a sus familiares de la cárcel, cómo se refugió en el ejército y llegó a capitán de la legión… no fue una vida aburrida la de Don Agustín.
La primera imagen que se cuenta de Agustín Herrero es significativa de su personalidad. Fue un hombre valiente , capitán de la legión vamos. Por eso, imaginemos a Don Agustín un tipo grande y fuerte,  de pié y erguido, dando órdenes desde la proa de su barca, sin ser alcalde todavía, durante la riada de 1965… Sacó a mucha gente… he escuchado en algunas ocasiones. Aquello se ha recordado hasta hace poco.  
El humor suele estar también presente cuando se recuerda a Don Agustín. Era un tipo peculiar:
Un día, estando Don Agustín en su despacho de Alcalde, recibió a un vecino, quizás un contratista, que no paraba de quejarse: porque el Ayuntamiento no cumple su obligación… porque a él debió el Ayuntamiento de avisarlo… porque el Ayuntamiento no me ha pagado…
Don Agustín miraba al paisano detrás de su bigote, sin cambiar el gesto. Y el tío erre que erre… que el Ayuntamiento no me recibe… que el Ayuntamiento no me paga… porque el Ayuntamiento no está cumpliendo conmigo… porque el Ayuntamiento…
De repente, serio, se levanta Don Agustín sin decir nada. Mientras, la visita se queda muda, esperando respuesta. Don Agustín comienza a golpear la pared con los nudillos, y con fuerza. Como el que llama a una puerta… ¿Ayuntamiento?... Toc!, Toc!, Toc!...  ¿Ayuntamiento?...  le dice el Alcalde a la pared, y calla como esperando respuesta… ¡Ayuntamiento!, ¿Qué pasa con este hombre?, ¿Ayuntamiento?...   … No responde, no hace caso. Le dice el Alcalde al vecino protestón… Nada, a ver si otro día nos dice algo el Ayuntamiento…
En otra ocasión, asomó la cabeza el Alcalde en el despacho del Secretario… Antonio, por favor, es que tengo ahí a una vecina, y no entiendo lo que quiere… a ver si tú puedes recibirla y me lo explicas…
El Secretario recibe a la vecina, que le cuenta que necesita un certificado de convivencia. Resulta que la pareja de su hija, y que convive con ella, está preso. Ellos no están casados, pero conviven juntos desde hace tiempo, aunque no se refleje en el padrón. Y que, para visitar a su pareja a la cárcel, digamos de un modo especial, más íntimo, le han pedido a su hija un certificado de convivencia, en ausencia de libro de familia… 
Cuando el Secretario le cuenta al Alcalde de qué se trata, don Agustín dice: Si, lo que yo había entendido. Esta mujer quiere un vale del Alcalde para que su hija eche un polvo. ¡Para lo que hemos quedado los Alcaldes!, dijo Don Agustín, mientras el secretario se partía de la risa.
A Don Agustín le tocó ser Alcalde durante el procedimiento de expropiación militar de la península de Sancti-Petri. Aquello no le gustó nada. Estaba cabreado y se oponía a todo, poniendo todas las trabas del mundo. La verdad es que tenía razón, Sancti-Petri era un barrio más de Chiclana, en el que las calles, por ejemplo, eran ya dominio público, propiedad del Ayuntamiento, y por lo tanto no cabía una expropiación. El ejército mandaba entonces más que las leyes. Y para cerrar el episodio, enviaron a un importante general a una reunión que se mantuvo en la oficina municipal que había en Sancti-Petri. Allí acudió Don Agustín, cabreado, porque se oponía a la expropiación. Uno de los militares tomaba notas de todo, levantando acta, y el Alcalde no paraba de interrumpir… Ponga usted ahí que la carretera la ha hecho el Ayuntamiento... Y los militares ni caso… Ponga usted ahí que las calles son dominio público propiedad del Ayuntamiento… Y los militares ni caso… Ponga usted ahí que Sancti-Petri es parte de Chiclana y no los terrenos de una empresa… Y los militares como si tal cosa… De repente, el Alcalde interrumpe de nuevo y dice: … Ponga usted ahí que esta es la playa de lava-culos, o ¡lava-cojones!, que es lo mismo, porque el que se lava el culo se lava los cojones…
Afortunadamente para Don Agustín, a los militares presentes, les dio por reírse a carcajadas. Estaba cabreado el Alcalde… Y ya en el coche de vuelta, pensativo, le dijo al secretario: Bueno, yo sabía que no íbamos a conseguir nada, pero por lo menos hemos puesto el mingo…
¡Genial don Agustín! Cuya forma de ser puede explicar, porqué en Chiclana, a pesar de constituciones y democracias, una gran parte de los chiclaneros volvieron a votarle para que fuese además del último Alcalde franquista, el primer Alcalde elegido democráticamente. Las personas, en política municipal, son a veces más importantes que los partidos. Y es que la personalidad, la fuerza y la capacidad de riesgo son imprescindibles para un líder…
Eso nos haría falta hoy en día en Chiclana… un Alcalde con Carácter.

Muñecas a Trozos

Ahora que se inauguran fuentes en el centro, y atunes-veleta… ahora precisamente, me apetece reivindicar la mejor escultura sobre el espacio público de Chiclana. En mi opinión, claro; que es lo mismo que decir nada.
Es una mano de artista que surge del suelo (de Chiclana), sobre la que se va dibujando, como evoluciona un boceto, una muñeca con forma de mujer andaluza. La mano quiere ser la de José Marín; y al él y a las mujeres está dedicada la escultura.
No puede escribirse de nuestro pasado reciente sin hablar de Marín. Pero voy a hacerlo a mi manera. A ver qué os parece:…
Viajemos a una noche de primavera de 1976. En un cuarto de azotea de una casa de Chiclana, dos jóvenes mujeres, en edad de juntar para casarse, siguen en el cuarto pasadas las diez de la noche… Abrimos la puerta, que está solo encajada. Debajo de dos bombillas y del techo de uralita, nos sorprende ver montañas de pequeños trajes de flamenca a medio hacer. Colores llamativos, montones y montones de sacos de tela, algunos abiertos y desparramados. Otros preparados para llevarlos a la fábrica. A la derecha, montones de cabezas de muñecas, pequeñitas, sin pintar todavía. Debajo de todo aquello, sin sitio para moverse y rodeadas de su faena, Pepi y María.
La primera está montando volantes, hilvanando para después coser con la máquina. María raspa cabezas. Con un cristal afilado elimina la junta de plástico que el molde ha dejado como una cicatriz en la cabeza de la gitana. Con un movimiento rápido y preciso raspa lo justo para que desaparezca cualquier rastro. Rápido, a cabeza por segundo, va cogiendo de un saco y echando a otro, como un autómata.
Las dos hermanas hablan sin apartar los ojos de la faena; esta semana han cogido mucho trabajo, y van a ganar un dinerito. Se ríen por lo bajo. Sus novios respectivos acaban de irse. Es normal que vengan a pelar la pava mientras ellas trabajan. Y que los cuñados se sienten cerca de sus respectivas y ayuden en la faena. También es normal, que por debajo de tanta tela de colores, alguna mano busque un muslo, esperando que sea el de la hermana correcta… de esto último se ríen las hermanas mientras una hilvana el plisado de los volantes, y la otra raspa cabezas de muñeca.
Llega otra visita. Su prima Isabel, que es más joven. Se sienta, y nada mas saludar se mete en faena con toda naturalidad. Va a ayudar a Pepi, que va más atrasada… Quizás coja el puesto de Pepi cuando ésta se case. Si es que lo deja… bueno, ya veremos.
La más joven pregunta a sus primas… Y aparte de esto, ¿Qué otras faenas se hacen en las casas?... Muchas. Hacer las pelucas, montar los trajes…  Antes se hacían también cuerpos de serrín… ¿De serrín?... Bueno, de trapo lleno de serrín. Ahora se hace menos. Porque ya casi todo va en plástico… Los cuerpos de serrín había que atarlos con alambre por la cintura. Luego se vestían…
Y, ¿Qué es lo más difícil?... Yo creo que pintar las caras, porque hay que pasar cinco veces por cada cabeza. Primero el negro de las cejas y del filo de los ojos. Luego hay que pegar el ojo, que es como una pequeña escamita blanca. ¡Hay que tener un pulso y una paciencia!... Luego el azul, el rosa, el rojo de los labios… es lo más difícil… Además, el propio Pepe Marín es el que revisa las caras pintadas… ¿El dueño?... Si el dueño; él está mucho en la fábrica; y habla con nosotras… Fíjate, ¡Qué hombre más sencillo!... Pues yo me enterao que hace dos años ganó el primer premio mundial de muñecas en Polonia… Bueno, y acaban de darle la medalla al trabajo de toda España entera…
Y, Las muñecas de trapo y serrín, ¿De qué tenían la cabeza?... De barro. Todavía las hacen los sevillanos con un molde. Después se secan y se meten al horno. Había que pintarlas enteras… eran más endebles, pero a mí me gustaban más… en fin, ahora casi todas son de plástico.
La más joven pregunta sin parar… Y… ¿Se gana mucho?... ¡Hija depende de lo que hagas!... Esta ha ganado esta semana más que el novio… ¿Más que el novio?... Pero hija, ¿Cuántas horas he echao?... Muchas, la verdad…
Pero, no te creas tú, que todo no es tan bonito… Algunas veces nos echan el trabajo para atrás… Porque tenga faltas, o no esté bien terminado… Bueno, bueno, depende de lo malaje que sea el que te toque… También es verdad, porque fulano es un sieso.
Mira, además, algunas veces te dan anticipos… ¿Anticipos?... Si, el lunes hablé con Antonio Marín… ¡Qué formal y que serio es ese muchacho!... Y está siempre en la fábrica, porque yo tengo que llegar hasta el fondo para coger las cabezas, donde está la máquina del plástico; y me ando la fábrica entera. Y siempre está allí… Bueno, y qué le dijiste… Le pedí un anticipo de cinco mil pesetas para la entrada de una tele para mi padre… Yo le dije la verdad… Que mi padre está malo, que le gusta los toros, que no puede verlos en la tienda y que quiero comprarle un televisor… ¿Qué te dijo?... Fue a la oficina y me trajo cinco mil pesetas…
Con las cinco mil pesetas María le dio una entrada al Rey, el de los televisores, y su padre vio la corrida en su casa. Pepi le llevaba todas las semanas un buen dinero a Velita; tenía apartado el dormitorio, el romy del cuarto de baño, y un salón precioso. Cuando se casó, protegió los sofás con un forro, y en el salón era un lugar reservado a las visitas…  La verdad es que el Rey, Velita y el Cojo Calabaza, surtían a casi todas las Chiclaneras en edad de juntar para casarse… pero eso será otra historia.
Cada vez que se vendía una muñeca en Madrid o en París, venía dinero a Chiclana. Y los dineros de las muñecas hicieron mucho bien en la Chiclana de entonces. Hizo mucho bien el hombre que las creó, que las diseñó, y que se empeñó en que se fabricaran en su pueblo… Sería imperdonable olvidar a nuestros grandes hombres, que son nuestro ejemplo.


Memoria para Soñar, 1 de 4


Cuando alguien tiene un sueño, y lo cuenta, lamentablemente, los humanos tenemos una cierta tendencia a ser descreídos. Lo que se le ocurre al otro, de entrada, se pone en cuarentena. Si alguien nos cuenta un sueño, algo difícil pero ilusionante, casi siempre pensamos que el que nos habla es un soñador. Como si fuese malo ser un soñador.
Y lo que es peor, algunos se convierten incluso en destructores de sueños. Utilizarán opiniones sesudas y fundamentadas, razones técnicas o económicas que tratarán de acabar con el sueño. Alguien soñó una vez, por ejemplo, que Chiclana podía ser un atractivo destino turístico, y ese sueño, entonces,  tuvo que luchar para imponerse.
Las menos de las veces, las ilusiones de unos pocos se convierten en sueños colectivos. Entonces son imparables. No se sabe mediante qué mecanismo, el sueño una vez lanzado, como un rumor, adquiere cierta capacidad vírica, y va contagiando… va calando, poco a poco. En una ciudad como Chiclana, que está despertando traumáticamente del boom de la construcción, que en su última fase en vez de sueño es pesadilla; en una ciudad como esta, hay que volver a escuchar a los soñadores…
Y es que el otro día, tomando un café con mi amigo Periqui, me contó un sueño: Un puerto en el centro de Chiclana. Un puerto en el rio Iro:
Proponía en definitiva, recuperar el rio para el centro de la ciudad.  Construir un paseo marítimo (en este caso fluvial), entre el puente azul y el puente grande, en una y otra orilla del rio. Proponía un rio lleno de actividad, accesible, con barcos y restaurantes, lugares de ocio… Que los miles de turistas que vienen todos los años, al Novo y no a Chiclana, no puedan soportar la tentación. Que compita con la rivera del marisco del Puerto. Que se llegue en tranvía desde Cádiz, que siempre gustó de Chiclana para eso del ocio y el esparcimiento…  Y sobre todo, que junto con otras actuaciones, diversifique nuestro modelo económico, genere empleo, y nos devuelva la ilusión.
Permítanme que recurra a la memoria y que utilice esta ventana semanal, para defender esta idea, en la que prefiero, de entrada, creer.
Quizás deberíamos remontarnos a la época de los Fenicios Tirios, fundadores de la ciudad. De esa época son los restos que se encontraron recientemente en el Castillo. Entonces, el mar llegaba hasta aquí; y se cree que había un puerto por el que la ciudad fenicia, siempre ligada a la navegación, se comunicaba y comerciaba. Que me perdonen los historiadores. Tirio, Lirio, Irio… Iro.
Dando un salto de siglos, de miles de años, volviendo al a memoria reciente, podemos recordar la imagen de algunos barcos en el rio. Frente al 22 había un calistral (eucaliptal), en el que los paisanos reposaban y se bebían los medios litros, y se comían algún que otro ostión que les habría frente al 22 mi abuelo Jacinto al que no conocí.
En la orilla del lugar, donde hoy hay construcciones, hubo también un jardín romántico, presidido por un busto de García Gutiérrez, tan celebrado este año. (Por cierto, buena idea esa de reivindicar la Chiclana Romántica).
No estaban los pisos de los maestros, ni el chalet junto al puente chico, ni las casas que le dan la espalda al rio, como si se tratase de la cloaca de la ciudad.
Creo que son dos los recuerdos recientes que nos impiden ver las grandes posibilidades que tiene el rio para la ciudad. En primer lugar la peste. En los ochenta, el rio fue una cloaca. Y gran parte de los Chiclaneros lo hemos asumido como un espacio residual, sucio, difícilmente aprovechable. Hoy el problema está resuelto pero el recuerdo negativo persiste.
Además de la memoria olfativa, la amenaza de las inundaciones  parece oponerse a cualquier desarrollo. Por eso, entre el rio y la ciudad, en vez de una barandilla sutil y permeable, que permita asomarse, entrar y salir… hay un muro de contención.
Y es que, hay que actuar aguas arriba. Hay que sacar del cajón el proyecto de la presa contra-avenidas. Un proyecto no muy caro, que según los expertos, nos permitiría abrir el rio a la ciudad.
Más recientemente, en 2005, tuvimos el privilegio de que uno de los mejores arquitectos del mundo trabajara sobre nuestra ciudad. Algunos consideramos que era necesaria una repensada a la plaza sobre el rio, y al papel del rio en la ciudad. Alberto Campo Baeza realizó un magnífico anteproyecto, que todavía hoy puede consultarse en su página web. www.campobaeza.com.  Entren en esta página y vean su propuesta. Vean el proyecto de las cuatro torres, de los paseos junto al rio, del puerto quizás… Debemos recuperar la ilusión. Es urgente soñar. Sueñen. Sueñen. Pero no se duerman.